martes, 27 de mayo de 2008

TORERO ÁNGEL VALDEZ "EL MAESTRO" CELEBRIDAD PERUANA NACIDO EN INGENIO

REY DE ESPADAS : Matador Ángel Valdez (1838-1911)
Angel Valdez "El Maestro" UNA DE LAS CELEBRIDADES PERUANA
Articulo enviado por el Alcalde de Ingenio Marcelo Caipo
Angel Custodio Valdez y Franco fue un Matador de Toros de raza negra y de impresionante físico cuyo nombre, figura y fama llenaron 50 años de la Historia Taurina del Perú, y es por ello que bien puede considerársele el más importante diestro peruano hasta la fecha. Nació el 2 de Octubre de 1838 en el pueblo de Ingenio, en el distrito de Nazca, en el departamento de Ica. Se trasladó a Lima a los diez años luciendo ya un físico muy desarrollado para su corta edad. Trabajó en el fundo La Granja cuidando ganado lo que estimuló su afición por las corridas de toros. Animado a encaminar su vida en la profesión de torero fue, en sus inicios, José María Vázquez quien le aportó los conocimientos elementales. Se estrenó en la Plaza de Toros de Acho el 7 de Agosto de 1859 alternando con Antonio Marín y José Ortega. Al añ o siguiente contrajo nupcias en la localidad de Palpa con Nicolasa Izasigar. El 2 de diciembre de 1860 acometió la proeza de encerrarse en solitario en la Plaza de Toros de Acho -nadie lo había hecho antes- dando cuenta de doce astados con tal éxito que salió catapultado como ídolo máximo de la afición limeña. Desde entonces su reinado se fue consolidando sobre la base de su habilidad en el segundo tercio y en la ejecución de suertes como las de el salto al trascuerno y a la garrocha, pero sobre todo por su extraordinaria efectividad en la ejecución de la suerte suprema, donde ponía de manifiesto su fuerza, valor y decisión. Su fama trascendió nuestras fronteras. Como consecuencia de ello a fines del año 1872 fue contratado para actuar en 16 corridas de toros en la ciudad de Montevideo donde triunfó rotundamente ratificando su fama. En 1883, a punto de cumplir los 45 a&n tilde;os de edad y con 24 de Matador de Toros viajó a España presentándose en Madrid el domingo 2 de setiembre de ese año. Su actuación no fue buena. Posteriormente, actuó sin mayor resonancia en Cádiz y en Lisboa para luego retornar a Lima. Su hazaña más memorable, el 24 de mayo de 1885, fue aquella de matar en la vieja Plaza de Toros de Acho, con singular coraje y audacia, al célebre toro "Arabí Pachá", y en la misma corrida a un hijo de este de nombre "Mucho Ojo", en tarde en la que alternó con Mariano Soria "Chancayano" y Antonio Pastrana. El 10 de Febrero de 1889 es herido gravemente por el toro "Turbulento". Idolo de 3 generaciones se retiró, a los 71 años de edad, el 19 de Setiembre de 1909. Falleció el 24 de Diciembre de 1911, a las nueve y media de la noche, en su casa limeña de la calle Desagüadero. U n bronce ubicado en el exterior de la entrada de los tendidos de Sol en la Plaza de Toros de Acho, escenario de sus principales gestas, recuerdan pálidamente lo que fue su brillante trayectoria profesional.

El legendario Ángel Valdez y el toro Arabí Pachá.
Por Gregorio Martinez : BUSTROFEDON

Entre los mejores toreros que han existido en el Perú, en todos los tiempos, Ángel Custodio Valdez Franco es el más reputado. Hijo de esclavos, nació en el villorio de El Ingenio, al noreste de las Líneas de Nasca, el 2 de octubre de 1838. En su momento, cada rincón del país lo ungía como El maestro Ángel Valdez. Así lo testimonia Jorge Basadre en Historia de la República. Si hubiera que mencionar a otro torero de similar relieve legendario, este sería el Indio Ceballos, quien toreó en España en el siglo XVIII y causó tanta admiración que Francisco Goya le hizo un aguafuerte.
Libros y documentos muestran que Ángel Valdez nació en Palpa. Así aparece en Los toros, monumental enciclopedia en seis tomos, obra del español José María Cossío. Lo reitera el Diccionario biográfico taurino de José Sánchez Neira. Igual lo indica una lápida en la tumba de Ángel Valdez, en el cementerio limeño Matías Maestro. Pero todos sus coterráneos sabían --con pena para los palpeños Luis Peirano y Carlos Iván Degregori-- que Ángel Valdez había nacido en El Ingenio. Por suerte, esta certidumbre ha sido recogida en la "Enciclopedia taurina del Perú", aún inédita, obra capital de Carlos Tapia Acosta, quien durante años fue médico de la Plaza de Acho.
En 1849, a los 11 años, Ángel Valdez llegó por primera vez a Lima. Se cree que se había cimarroneado y abandonó El Ingenio tras los pasos del arriero Agapito Bernales. Por ser un niño fuerte, comenzó a trabajar como adobero en la hacienda Estaquería, cerca a Higuereta. Un día, ya adolescente, fue a la Plaza de Acho y vio torear al celebrado diestro español Manuel Díaz, más conocido como Laví. Eran los años de la pugna política entre Ramón Castilla y Rufino Echenique.
Aquella vivencia en la Plaza de Acho conmovió al joven Ángel Valdez. El toreo de entonces era temerario y sin cánones. Pronto Ángel Valdez se convirtió en discípulo predilecto del matador mexicano José María Vásquez, que se había establecido en Lima. Al poco tiempo el joven adobero ya estaba a punto para torear.
A los 19 años, en 1857, Ángel Valdez salió por primera vez a la arena de Acho. Aún como novillero. Torear en la Plaza de Acho constituía un sueño. Dos años después, en pleno segundo gobierno de Ramón Castilla, cuando ya se había abolido la esclavitud, Ángel Valdez tomó la alternativa de torero. Pasó la prueba con aclamaciones. El maestro José María Vásquez le entregó la espada. Fue un domingo 7 de agosto de 1859.
En aquellos tiempos la fiesta brava se extendía desde la mañana hasta el anochecer. Se lidiaban 20 toros. Ni se vislumbraba la tarde clásica de 6 corridas. Todo empezaba con el "desbarajuste de fiesta". Trifulca en la cual la muchedumbre quemaba sus rencores, bajo la mirada vigilante de alguaciles y gendarmes. Conforme a una tradición colonial, en determinado momento las fuerzas del orden embestían a palo limpio y quebraban el desbarajuste. Al final, la muchedumbre apaleada ocupaba el lugar asignado, en el lado opuesto a la tribuna de los regios.
Al año de tomar la alternativa, Ángel Valdez ya no tenía contendores entre los toreros peruanos. Pero el ambiente se animó cuando llegó el diestro español Chicorro, un matador de oficio y mucho coraje. Ahí fue que Ángel Valdez empezó a bordear los extremos de la temeridad. Tanto que sus faenas despertaban expectativas en Colombia, México y aun España. El rumor daba pábulo a la leyenda que Ángel Valdez tenía pacto con satanás.
De repente, en 1866, reventó la Guerra con España. Inmediatamente los toreros españoles se fueron a otras plazas. A Colombia, Venezuela, México. El vacío produjo la aparición de diestros nativos. En 1867 comenzó a mencionarse el nombre de Mariano Soria, el Chancayano. Rápido el nuevo torero ganó simpatía en todo el Perú. Desde entonces, Ángel Valdez y el Chancayano serán los eternos rivales.
Aquella época del esplendor de Ángel Valdez ha dejado también el nombre de un toro famoso, tan temido que la muchedumbre temblaba al escuchar su nombre: Arabí Pachá. Un toro salido de los chiqueros del infierno. Desmesurado en todo. En envergadura y en fiereza. Pertenecía a la dehesa de los Asín, propietarios de la hacienda Rinconada de Mala.
No cabe duda, Arabí Pachá constituye un capítulo aparte de la tauromaquia peruana. Animal matrero, conocedor de todos los gajes de la faena, pues debido a su bravura le habían perdonado la vida dos veces. El día que se anunció que Arabí Pachá sería toreado y muerto por Ángel Valdez, sin opción de perdón, en el Perú se desencadenó el delirio.
Cuando llegó el momento, la Plaza de Acho reventaba de gente. Fiero e imponente apareció Arabí Pachá. Se detuvo al borde de la arena y comenzó a bufar, a escarbar el suelo y se aventaba tierra sobre el lomo. Entonces, el picador Benigno Asín, el Curcuncho, que conocía bien a Arabí Pachá, pues era de su familia, espoleó al caballo y con la lanza en ristre atacó al toro para bajarle la embestida. Ángel Valdez, todavía en el burladero, asentía calmoso y confiado.
Pese a su reconocida habilidad, el Curcuncho no pudo clavar la lanza en el morrillo de Arabí Pachá. El toro hizo un quite de adivino en una fracción de segundo y pasó a la ofensiva. Advirtió que el picador estaba mal ubicado y lo arrinconó con caballo y todo contra las tablas. Acudió el banderillero Pionono para distraer al toro y sacar al picador del aprieto. Algo vio el banderillero en la catadura de Arabí Pachá que de golpe se le desmoronó el coraje. Sin la menor vergüenza trepó por las tablas hacia el tendido. Al verlo en tal apuro, Arabí Pachá se paró en dos patas y asomó por encima del cerco. Un alarido de pánico remeció la plaza. El toro dio un vuelco brioso y volvió a la arena.
Mariano Soria, el Chancayano, que también estaba actuando de banderillero, hizo de tripas corazón y en sesgo, a volapié, colocó una banderilla en el endemoniado Arabí Pachá. Solo un hierro. Ángel Valdez, sudando, clavado en la arena, por primera vez embargado por un aire de desamparo, adelantó un pie y luego avanzó sigiloso, con la espada lista bajo la muleta. No iba a torearlo. Quería acomodarlo para entrar a matar. Directo a la última suerte. Ángel Valdez no citó al toro. Tampoco fue al encuentro. Más bien recurrió a una treta de gañán. Se le aproximó por un costado y, cuando lo tuvo a distancia para estoquear, lo llamó por su nombre: ¡Arabí Pachá! El toro volteó, traicionado por su propia sabiduría. Ángel Valdez le hundió la espada de un solo envío hasta el corazón*.
Después de aquella hazaña, Ángel Valdez se fue a probar suerte en España. Allí, en la tierra que inventó el toreo, lo obligaron a revalidar el título de torero. Tuvo que tomar de nuevo la alternativa. Lo hizo en la Plaza de Madrid, el 2 de septiembre de 1883. Tenía 45 años y enfrentó al toro Cucharero. En la tribuna de honor estaban el rey Alfonso XII y la reina María Cristina, la misma de la copla guarachera.
En 1909, a los 71 años, con el pelo completamente blanco, pero macizo como un guarango, Ángel Valdez lidió su último toro, el Rompetablas, en la histórica Plaza de Acho. Fue un domingo 19 de septiembre. El gobierno del Perú recién había pasado a las manos de Augusto B. Leguía y los anarquistas alistaban los fuegos del movimiento obrero. Dos años más tarde, el 24 de diciembre de 1911, moría Ángel Valdez convertido en leyenda.
* En 1980 vi la cabeza de Arabí Pachá en la entrada del Aquicito, el museo estrambótico que el Loco Asín tenía en un peñasco de Chosica.
Fuente Perú 21




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